Sin Título Núm. 48
Mis desamores casi siempre dramatizan un duelo. Son como ese pazo gallego, con su dignidad de piedra, que se enfrenta a un cielo que ya no alumbra, sino que arde en recuerdos. Y en esa tensión entre lo que permanece y lo que consume, mis sentimientos se convierten en fábula encendida sobre la belleza que lucha por no desvanecerse.
