Sin Título Núm. 55
No puedo vivir sin creer en un Dios que construyó el universo. Y esa iglesia, suspendida en su círculo ardiente, es más que un edificio, representa un corazón enorme que late bajo siglos de arena y espíritu, un refugio de fe enterrada en la historia, en fin, la raíz de lo sagrado flotando en el caos ordenado de la eternidad.
